Para que mi pueblo pueda oírme
Textos: Éxodo 3:2-7 · Éxodo 19:9 · Ezequiel 37:13 · Efesios 4:15-16 · Juan 1:14 · Colosenses 4:6
¿Cómo se encuentran en esta tarde? Amén. No los escuché muy animados. Bueno, siempre es importante y es un gozo poder estar aquí y poder adorar, exaltar y alabar a nuestro Señor Jesucristo con nuestros labios, con nuestras manos, con todo nuestro ser. Amén. Y bueno, estamos en una semana muy importante, la semana de visitar. La semana pasada estuvimos en la semana de contactar, y la siguiente semana, no la que viene, sino la próxima, será la semana para invitar, pero también es parte de nuestro ciclo evangelístico. Amén. Así que la quinta semana es la semana para ayunar. Así que, mis hermanos, en esta semana que es la semana de visitar, vamos a enfocarnos un poquito para poder entender esta palabra, y cuando vayamos a visitar podamos tener un mayor conocimiento de a qué vamos a ir. Así que la palabra visitar es principalmente ir a un lugar para conocerlo, o ir a ver a una persona a su casa o a su trabajo, ya sea por cortesía, por amistad o porque hay un propósito para ir a ver a esa persona. Pero en cada visita de las que mencionamos debe haber algo: una intención, un interés, un mensaje o un propósito importante. Esa es la razón por la que vamos y hacemos esa visita. Amén. Así que, sin más preámbulos, amada iglesia, permítanme predicarles y compartirles el mensaje titulado Para que mi pueblo pueda oírme. ¿Por qué no se pone sobre sus pies y abramos nuestras Biblias? Vamos a leer la Palabra de Dios en el libro de Éxodo, capítulo 3, versículo 2. Hoy vamos a estar enfocándonos en este libro, Éxodo 3, del 2 al 7, y después vamos a ir un poquito más abajo, al 19. Si no trajo su Biblia, en un momento nuestros hermanos la van a poner en la pantalla. Amén. Así que la Palabra de Dios, en Éxodo capítulo 3, versículo 2, dice: «Allí el ángel del Señor se le apareció». Repita conmigo: apareció, lo visitó «en un fuego ardiente en medio de una zarza. Moisés se quedó mirando, lleno de asombro, porque aunque la zarza estaba envuelta en llamas, no se consumía». Así como está, sobre sus pies, acompáñeme a hacer una oración.
Oración Padre amado, te amamos y te damos gracias porque tú nos visitaste, porque tú nos llamaste, Señor, no para juzgarnos, sino para perdonarnos, Padre. Te pedimos, Señor, que en este momento, en este tiempo, sea tu Espíritu Santo hablando a tu pueblo. Que podamos escuchar tu Palabra, el mensaje, y sobre todo, que podamos entender cuál es el propósito por el cual tú nos tienes aquí en este día, Padre. Te pedimos, Señor, que uses los labios, que uses la vida de mi hermano en la traducción, Padre. Que tu mensaje pueda traspasar, que pueda ser de edificación para nuestras vidas. Te pido, Señor, por todas las personas que están en este día, que pudieron llegar, y también por los que vienen en camino. En el nombre de Jesús, así oramos. Amén.
Podemos sentarnos, amada iglesia. El mensaje Para que mi pueblo pueda oírme. Ese es el título de este mensaje. ¿Está listo, mi hermana, mi amado hermano, para escuchar la Palabra de Dios? Éxodo, capítulo 3, versículo 3: «"Esto es increíble", se dijo a sí mismo Moisés. "¿Por qué esta zarza no se consume? Tengo que ir a verla más de cerca"». Y yo me imagino que Moisés estuvo por un tiempo prolongado mirando ese fuego ardiente, esa zarza, y tuvo la curiosidad de acercarse, de ir, de visitar más de cerca ese fuego ardiente para ver la razón por la cual no se consumía. En el versículo 4, el Señor le dice, cuando vio que Moisés se acercaba: «Moisés, Moisés». «Aquí estoy», respondió él. En el versículo 5 dice: «No te acerques más», le advirtió el Señor. «Quítate las sandalias, porque estás pisando tierra santa». Y es que aquí hay algo importante en este versículo, amada iglesia. ¿Cuál era la razón o el propósito de Dios en aquella visita a Moisés? Veamos qué nos dice la Palabra de Dios en el versículo de abajo: «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob». Cuando Moisés escuchó esto, se cubrió el rostro porque tenía miedo de mirar a Dios. En el versículo 7 dice: «Y luego el Señor le dijo: "Ciertamente he visto la opresión que sufre mi pueblo en Egipto. He oído sus gritos de angustia a causa de la crueldad de sus capataces, y estoy al tanto de sus sufrimientos"». Amén. El Señor escucha, el Señor ve nuestras aflicciones. Amén.
Decíamos que las visitas llevan un mensaje, una razón, un contenido. Hacemos esas visitas porque queremos llevar algo.
En el libro de Éxodo, capítulo 19, versículo 9, veamos cuál era el propósito del ángel de Jehová al haber visitado a Moisés en esa zarza: «Y Jehová dijo a Moisés: He aquí, yo vengo a ti en una nube espesa, para que el pueblo oiga mientras yo hablo contigo, y también para que te crean para siempre». Repita conmigo: para que mi pueblo oiga. «Y Moisés refirió las palabras del pueblo a Jehová». Y es que, amada iglesia, Dios se comunica directamente con nosotros muchas veces y de muchas maneras. Amén. ¿Habrá alguien que pueda gritar un fuerte "Amén"? Gloria a Dios. Es lo fuerte si es para Dios. Usualmente, cuando nosotros visitamos a alguien o lo contactamos, le llamamos por teléfono, le mandamos quizás un mensaje por texto, por email, no sé, es porque tenemos una razón, tenemos algo que queremos compartir con esa persona. Así que estamos en una semana donde vamos a ir a visitar a las casas. Tenemos esta semana para visitar y concluir nuestra semana de visita de este ciclo evangelístico, pero no vamos a ir solamente por ir, sino que tenemos que enfocarnos y tenemos que entender cuál es la razón, cuál es el propósito específico por el cual vamos a ir a visitar estos hogares.
Así que vayamos a la Palabra de Dios en el libro de Ezequiel, capítulo 37, versículo 13. La Palabra de Dios nos dice así: «Y sabréis que yo soy Jehová, cuando abriere vuestros sepulcros y os sacare de vuestras sepulturas, pueblo mío». Y es que así es, amada iglesia: llegará aquel día, aquel día del juicio final, donde la Palabra de Dios dice que seremos llamados, todos seremos invitados. Pero específicamente en esta mañana nuestro Señor está hablando a su pueblo para decirle que hay un cambio mayor y mucho más notable: que un hombre pueda experimentar que sea levantado de la tumba de su muerte espiritual y sea puesto a la luz de la vida espiritual. Este es el propósito de esta visita el día de hoy a esta iglesia. Gloria a Dios.
Amada iglesia, nadie puede obrar esto sino el Dios vivo, nuestro Señor y dador de vida. Nosotros no podemos hacer eso, amada iglesia. El Señor no solamente nos ha visitado, sino que nos ha entregado su mensaje, no para que nos quedemos callados, sino para que seamos ese contacto, ese medio que Dios use para que vayamos allá a contactar, a visitar esos hogares, y que las personas conozcan, y las que aún están sepultadas en su muerte espiritual, que aún están esclavas en sus debilidades, en sus drogas, en sus vicios, su depresión, puedan encontrar un propósito a través de ese medio que Dios está usando, que somos usted y yo.
Pero ¿cómo iremos a esas personas? No podemos ir solos. Necesitamos que el Espíritu de Dios vaya con nosotros. Amén.
Vayamos a la Palabra de Dios en el libro de Efesios, capítulo 4, versículos 15 y 16. Esto es lo que el Señor quiere que hagamos cuando visitemos esos hogares: «En cambio, hablaremos la verdad con amor, y así creceremos en todo sentido hasta parecernos más y más a Cristo, quien es la cabeza de su cuerpo, que es la iglesia». En el versículo 16 dice: «Él hace que todo el cuerpo encaje perfectamente, y cada parte, al cumplir su función específica, ayuda a que los demás se desarrollen, y entonces todo el cuerpo crezca y sea sano y lleno de amor». Amén. Amén, iglesia, porque muchos vamos a ser los que vamos a visitar, pero habrá otros que son los recibidores, para que mi pueblo pueda oírme.
¿Qué hizo nuestro Señor Jesús para que pudiéramos oírle? Nos lo dice la Palabra en Juan, capítulo 1, versículo 14. Escuche con atención, esto es importante: «Y aquel Verbo fue hecho carne y habitó». Repita conmigo: habitó, vino, visitó. «Fue hecho carne y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, la gloria del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad». Gloria a Dios. Así que, amada iglesia, amado hermano, cuando vayamos a visitar, vamos a ir llenos de la gracia y de la verdad de Dios. Amén. Gloria a Dios. Aleluya. Wow. Cuando usted vaya esta semana a visitar a las personas, vamos a ir llenos de su gracia y de su verdad, porque nuestro Señor nos ha visitado, nos ha contactado, nos ha llamado, no solo porque quiere llevarnos o darnos la salvación y la vida eterna. No, no, no. Amada iglesia, nuestro Señor nos ha contactado también para que nosotros seamos ese contacto, ese medio que el Señor va a usar para que vayamos, visitemos, compartamos su Palabra, el mensaje al arrepentimiento y a la salvación. Gloria a Dios. Ay, siento que el tiempo se me ha ido. No sé, pero no quiero aburrirlos, no quiero que se me duerman. Y este mensaje yo no lo había preparado. Usualmente uno se prepara con tiempo para compartir el mensaje, pero en esta ocasión yo recibí esta notificación hace unos cuantos días atrás. Era casi las 11 de la noche cuando yo vi ese mensaje, y yo pensé que era para el mes de octubre, pero cuando vi bien era para el 7 de septiembre. En ese momento yo le dije al Señor, estuve a punto de responder el mensaje y decirle: "No puedo". Pero recordé que hace algunos años le dije al Señor que usara mi vida, que me mandara, que me llevara donde él quisiera, conforme a su voluntad y no a la mía. Así que a las 11 de la noche tomé mi Biblia y empecé a leerla y le dije: "Señor, habla, porque tu siervo escucha". Así que esta Palabra viene de parte del Señor, de nuestro Dios. No pongas tu mirada en el hombre, porque los hombres vamos a fallar. Pero ponla en aquel que no falla, en nuestro Señor Jesucristo. Amén. La honra y la gloria sean para nuestro Señor Jesús.
El apóstol Pablo, en este versículo de Colosenses 4:6, nos da un consejo muy importante. La Palabra de Dios dice: «Que sus conversaciones sean cordiales y agradables, a fin de que tengan la respuesta adecuada para cada persona». El apóstol Pablo nos está diciendo que debemos apoyar y recibir a los colaboradores del reino, así como ellos brindaban consuelo y trabajo para la expansión del reino de Dios. Así hay muchos de nosotros que estamos diciéndole: "Señor, úsanos, usa mi vida". Y este versículo, perdón, de Colosenses específicamente destaca a Jesús, el Justo. Y más abajito, en los versículos 9 y 10, menciona a Marcos y Aristarco como personas que han trabajado y han sido de un gran consuelo para Pablo y para el reino de Dios, obviamente enfatizando la importancia de acogerlos cuando visiten las casas, las comunidades y los hogares.
En algún tiempo yo fui recibidor. Yo recibí la Palabra de Dios. Alguien la llevó a mi casa, a mi hogar. Quizás no fui el mejor anfitrión, quizás no di el mejor recibimiento a aquellos hermanos, aquellos matrimonios, ¿verdad? Quizás porque no conocía esta Palabra, no había profundizado, no había entrado en tanto razonamiento de lo que Dios quiere, de lo cual el Señor visitó a Moisés en ese fuego ardiente. Ahora que lo entiendo, dice la Palabra de Dios que demos de gracia lo que por gracia hemos recibido.
Así que si Dios nos ha visitado con el propósito de que hagamos su voluntad, aquí la pregunta es: ¿cuándo fue la última vez que le preguntaste al Señor cuál es tu voluntad para mi vida en estos momentos, Señor? ¿Cuándo fue la última vez que le preguntaste a Dios: "¿Cómo quieres que responda ante esta situación, ante este problema, ante este ataque, ante esta ira, ante esta envidia, Señor?" Gloria a Dios. El Señor es bueno y fiel, iglesia. Muchas veces nos vamos a sentir derrotados, nos vamos a sentir pisoteados, tal vez cansados, sin fuerzas, queriendo aventar la toalla.
Póngase sobre sus pies, iglesia. Quiero compartir con ustedes que aprendamos y escuchemos juntos cuál es la voluntad de nuestro Señor para nuestras vidas. Déjeme compartirle seis puntos. 1. Que confiemos en él. Que no pongamos nuestra mirada en el hombre ni nuestra confianza, porque fracasaremos, sino que mantengamos nuestra mirada y nuestra confianza en aquel que todo lo puede, en el soberano, en el Rey de reyes. 2. Que él sea nuestra guía. Busquemos la presencia de Dios. Leamos su Palabra y dejemos que él sea nuestra guía y no nuestra carne. 3. Él quiere lo mejor para nosotros. Siempre lo ha querido. Es mentira que tú fuiste a él. Es mentira que yo fui a él. El Señor me visitó. El Señor vino a mi vida; a Moisés fue en una zarza. A mi hogar el Señor usó un contacto, unos matrimonios que llevaron su Palabra, y eso cambió mi vida y la de mi hogar. Así como el Señor te va a usar a ti y a ti, no tengas miedo ni temor, porque vas con la gracia y la verdad de Dios. 4. Él no quiere que suframos o que seamos desdichados. 5. Él quiere que nos sintamos realizados. 6. Su voluntad, su propósito, es que rindamos nuestra vida a él. Este punto no es más importante ni menos importante, porque todos son importantes. ¿Sabes por qué las personas no rinden su voluntad a Dios? Es muy sencillo: porque ellos no creen que Dios tenga un propósito para ellos.
Llamamiento al altar Esta tarde me gustaría hacer dos llamamientos al altar. Aquí está la zarza y el fuego ardiente. Amén. Si tú lo crees, grita un fuerte "Amén". Aleluya. El primer llamamiento es para todos aquellos que sí creen que Dios tiene un propósito para sus vidas, y pasen más de cerca, como Moisés, para recibir lo que Dios tiene para ti el día de hoy. El segundo llamamiento es para todo visitante, para todo amigo, para toda persona que ha escuchado esta Palabra el día de hoy y que quiera entregarse y rendirse a la voluntad de Dios en este día. Vamos, amada iglesia, no te detengas. Vengamos al altar. Dios nos ha visitado. Su presencia está aquí. Amigo, amiga, visitante, no creas... Quizás viniste con un propósito, con una idea diferente. Quizás viniste como Moisés, por curiosidad, pero hoy el Señor está hablando a tu corazón. Hoy el Señor está hablando a tu vida. Hoy el Señor quiere dejarte saber y entender cuál es su voluntad y cuál es el propósito por el cual el Señor te ha traído aquí el día de hoy. Cerremos nuestros ojos, iglesia. Hablemos con nuestro Señor. Conectemos nuestro espíritu con el de él y digámosle:
Oración de entrega Padre, te amamos. Padre, te damos gracias porque tú viniste, porque tú nos visitaste, Señor, no para juzgarnos, sino para perdonar nuestros pecados. Tú viniste, Señor, no para señalarnos, sino para abrazarnos, Padre. Tú llegaste, Señor, a nuestras vidas para cambiar todo, Señor, todo en nuestra vida. Por cuántos años, Señor, caminábamos en la vida, en el mundo, haciendo cosas vanas, Señor, haciendo nuestra voluntad, despreciando tu amor, desperdiciando nuestra vida, afectando la vida, Señor, de nuestro hogar, de nuestra familia, de nuestros hijos. Pero tu gracia y tu misericordia, Padre, nos ha alcanzado. Y hoy estamos aquí, Señor, postrados ante tu presencia. Usa nuestra vida, Señor. Queremos ser ese contacto, ese medio, Señor, para ir allá afuera, para visitar, Señor, los hogares, las familias que aún viven, Señor, en tinieblas, que aún están cegadas, Señor, por el odio, por la envidia, por los vicios. Vamos, iglesia, clama al Señor. Clama y llénate de su presencia. Señor, perdóname, Padre. Perdónanos, Señor. Perdónanos, Señor. Aquí estamos rendidos a ti, reconociéndote, Señor, como nuestro Padre. Aquí estamos, Señor, con un corazón humillado ante ti. Haz tu voluntad, Señor, en nuestra mente, y úsanos, Señor. Úsanos, Padre, conforme a tu voluntad, Señor, porque tú quieres lo mejor, lo mejor para tus hijos, lo mejor para tu pueblo. Gracias, Señor. Gracias, Señor. Glorificamos, Señor. Exaltamos tu nombre por siempre.